Miles de ejemplos conocí donde el motor que genera el éxito es el pricipio de la decadencia.
Mi ejemplo más reciente fue la visita que hice al pueblo de Iruya.
Conocido y recomendado por la hospitalidad y buena disposición de la gente del pueblo hacia los visitantes.
Mi experiencia fue bastante distinta. Al momento de bajarme del omnibus que nos llevó al pueblo, una tropilla de media docena de nenes nos acorraló contra la puerta mientras bajabamos para "ofrecernos" (su) alojamiento. Hice caso omiso sabiendo que el pueblo tenía más para ofrecer que eso. Aun desatendí al chiquito que me siguió por vairas cuadras. Finalmente mi hambre y el peso de mi mochila me hicieron acceder al hospedaje que no me requería subir la ladera (Iruya está sobre una ladera de un cerro hermoso). Entré y, antes de poder dejar la mochila en el cuarto, fui instigado varias veces a pagar.
Muy lejos estuvo mi experiencia de mis expectativas (que se cumplieron cuando llegué a San Isidro, un pueblo vecino).
Nada nuevo estoy diciendo. Vean sino "el trabajo de Némesis":
La perdición nace del mismo huevo que nuestra virtud
lunes, 15 de septiembre de 2008
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